El Corpus Christi fue la fiesta más lucida del Ontinyent barroco. El Ayuntamiento mostraba el poder de la Vila Real patrocinando entremeses, danzas, rocas, teatro y desfiles como la histórica Entrada del Rei Redoles, y los gremios añadían sus propias danzas. Aquel esplendor entró en crisis en los años 20 y 30 del siglo XX, pero desde 1981 se ha ido recuperando.
Las danzas
Hoy la procesión cuenta con cinco danzas, al son del tabal y la dulzaina. Entre ellas, el Ball dels Cavallets, que representa la lucha de las antiguas milicias de Ontinyent contra los piratas berberiscos, y el Ball de la Veta, en el que los danzantes trenzan cintas alrededor de un palo coronado por una bola de claveles con los colores de la senyera.
Los Gegants i Cabets
Las danzas más simbólicas de la ciudad son las de los Gegants i Cabets (gigantes y cabezudos), una tradición que viene del siglo XVII.
- Los Gigantes son tres parejas que representan las tres culturas de la antigua Vila Real y las tres edades del hombre: los Reyes Cristianos, los Reyes Moros (els Auelos) y, desde 2006, los Reyes Judíos.
- Los Cabezudos son figuras como el Rei dels Cabets, el Tinyós o l'Home de les dues cares. Es tradición correr delante de ellos gritándoles «Orelluts!».
Encabezan las procesiones del Corpus y de la Purísima. Durante la procesión del Corpus, los vecinos levantan altares en la calle para la adoración de la Eucaristía.








